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27/11/17
La película sobre homosexualidad para la que los Oscar todavía no están preparados
La película sobre homosexualidad para la que los Oscar todavía no están preparados
'Call Me By Your Name' de Luca Guadagnino narra la historia de amor entre un chico de 17 y otro de 28 que ya ha despertado ataques en nombre de la doble moral de Hollywood
elpais.com
El año pasado los Oscar dieron la sorpresa al premiar con el máximo galardón a una película independiente, de un autor prácticamente desconocido, protagonizada por afroamericanos y de temática gay. Después de la polémica suscitada por el lema #OscarSoWhite y en plena vorágine del triunfo de Donald Trump y toda su batería de ataques xenófobos, los premios más importantes de la industria del cine decidieron apostar por Moonlight, una historia de personajes que luchaban por integrarse en el seno de una sociedad que parecía darles la espalda por esa acumulación de etiquetas que la película se encargaba de subrayar: negro, pequeño, pobre y marica.
Sin embargo, la película de Barry Jenkins trataba la homosexualidad de una manera un tanto naíf, como si tuviera miedo de herir sensibilidades y disfrazara su discurso de poesía tan estilizada como vacía. No hurgaba en los deseos y las frustraciones de los personajes ni mostraba sus pulsiones sexuales de una forma contundente. Un año antes Todd Haynes fue apartado de las nominaciones a pesar de haber rodado uno de los relatos más hermosos y delicados del cine reciente como fue la adaptación de la novela de Patricia Highsmith Carol. El amor lésbico y las escenas explícitas entre mujeres demostraron ser todavía un tabú dentro de Hollywood. Y eso que la película era finísima.
Esta temporada los académicos más conservadores se van a volver a rasgar las vestiduras cuando vean Call Me By Your Name, la película de Luca Guadagnino que narra la historia de amor entre un adolescente de 17 años y un joven de 28 a lo largo de un verano en un pequeño pueblo indeterminado del norte de Italia. Y sabemos que ya ha habido algún que otro indignado que se ha dedicado a lanzar furibundos ataques contra ella en nombre de la moral norteamericana. En concreto, el actor James Woods, que atacó la película con un tuit en el hacía referencia a la pérdida de los valores y la decencia en la sociedad utilizando el hastag de una organización defensora de la pedofilia. Armie Hammer, uno de los protagonistas de Call Me By Your Name le contestó con un contundente: ¿No saliste tú con una chica de 19 años cuando tenías 60? Y actrices como Amber Tamblyn reconocieron en esa misma red social que era una práctica habitual de Wood el coquetear con menores de edad.
Mientras exista esa hipocresía en Hollywood a la hora de juzgar las películas a través de la intransigencia y los valores más obtusos y retrógrados, poco podrá hacer Call Me By Your Name en su carrera hacia los Oscars. Seguramente reciba alguna nominación a modo de consolación, a modo de palmadita en la espalda valorando sus esfuerzos. Pero casi se puede augurar, que poco más. Donde sí puede que arrase es en los más abiertos de mente Independent Spirit Awards, donde parte como favorita con seis nominaciones, entre ellas mejor película, mejor dirección, mejor actor (Timothée Chalamet) y mejor actor secundario (Armie Hammer).
Y es que la fama y el prestigio de la película se ha ido fraguando poco a poco, a fuego lento y paso seguro. Se presentó en Sundance, en la sección Panorama de la Berlinale a principios de año, y más tarde en Toronto y en el Festival de San Sebastián. Las críticas en todos esos certámenes han sido unánimes. Para entendernos, un 98% en Rottentomatoes. ¿Qué tiene Call Me by Your Name para despertar semejante beneplácito? (excepto para James Woods, claro). Luca Guadagnino siempre ha sido un director especial. Muchos lo descubrimos gracias a Yo soy el amor (2009), una película que estaba recorrida por la semilla de la extravagancia, por el aroma de la imprevisibilidad. En ella demostró su capacidad para romper las reglas de la ortodoxia y deslumbrar a través de una suntuosidad de aroma vintage al borde del delirio que certificaba su naturaleza hedonista, una característica que recorre toda su obra, incluida Call Me By Your Name.
Y es que sus películas son puro goce estético y también sensitivo. En ellas se exalta la sensualidad del cuerpo, del placer, del deseo carnal contenido. Y tras esas pulsiones primitivas descubrimos a un puñado de personajes presos de sus debilidades y sus más profundas miserias. No es de extrañar que ese universo tan particular que había creado en sus anteriores películas encajara a la perfección con la historia de amor entre Elio y Oliver, descrita con tanta intensidad como desazón por André Aciman en su novela Llámame por tu nombre (fue editada en 2008 por Alfaguara y actualmente se encuentra descatalogada).
Los derechos de la obra literaria habían sido adquiridos por James Ivory, que con 89 años escribió el guion de la película y trabajó en su adaptación mano a mano con Luca Guadagnino, que también aportó su toque personal, situando la acción en 1983, al parecer para que los personajes mantuvieran la inocencia previa a ola de conservadurismo desatada con Reagan en Estados Unidos y Thatcher en Reino Unido y de que estallara definitivamente el sida como una enfermedad que terminaría convirtiéndose en un arma de miedo política para estigmatizar las relaciones homosexuales.
El resultado es una delicadísima adaptación de la prosa de Aciman. Guadagnino, como demostró en Cegados por el sol (2015), es un portentoso creador de atmósferas sugestivas. En Call Me By Your Name es capaz de suspender el tiempo, de sumergir al espectador en una atmósfera cálida y húmeda, aletargada e hipnótica, donde hasta el sonido de las chicharras o el jugo de un albaricoque se convierten en una fuente de magnetismo erótico. En medio de ese paisaje de voluptuosidad campestre, nos encontramos con la desesperación y confusión hormonal de Elio ante la llegada de un nuevo huésped que pasará el verano con sus padres, profesores universitarios de historia que acogen cada año a estudiantes que están realizando una tesis académica. Su nombre es Oliver y su cuerpo parece sacado de una de esas esculturas grecolatinas de proporciones apolíneas que estudia su progenitor.
Desde el primer instante, todo lo que veamos en la película pasará a través de los ojos de Elio. Así, nos sumergiremos en su desazón, en sus contradicciones perpetuas, en el proceso de asimilación de su identidad sexual, en la negación, en la toma de iniciativas, en ese torbellino, al fin y al cabo, que supone el primer amor. Ese amor que parece prohibido, que te reta y avasalla por dentro, que desmoraliza y al minuto siguiente tras una nimia señal, envalentona.
Todo ese sinfín de sensaciones contradictorias, arrebatadas y ansiosas es capaz de trasmitir el portentoso actor Thimothée Chamalet delante de la cámara de Guadagnino. Su interpretación es de esas que te cogen por sorpresa, que quizás no valoras en su justa medida hasta el plano final, que se encarga de concentrar a través de su mirada y su rostro, todo el recorrido vital, todo el aprendizaje emocional que ha sentido a lo largo de ese verano que cambiará su vida para siempre.
La historia de amor entre Elio y Oliver se irá desplegando poco a poco. A ritmo de largas siestas, de lecturas al borde de la piscina, de paseos en bicicleta y de lecciones de arte que nos conectan con el pasado, con la historia de Italia, con el tiempo que avanza sobre nosotros. Y como suele ocurrir, la pasión tan largamente deseada será tan intensa como breve. Marcará a fuego y se quedará para siempre incrustada, provocando primero dolor, después una nostalgia difusa.
Guadagnino se muestra mucho menos proclive a la ostentación estilística que en sus anteriores films. En esta ocasión reposa la cámara a la altura de la fragilidad de sus personajes, parece estar más pendiente de ellos, de sus miedos e inseguridades que de componer planos de una elaboración sofisticada. Por el contrario, cada imagen se impregna de una enorme elegancia y sutileza. Nada se explica, todo se intuye, y eso deja al espectador el suficiente espacio como para comulgar de forma íntima y experiencial con aquello que está viendo. Quizás por esa razón la película provoca un impacto emocional tan fuerte. Nadie queda inmune. Y termina de alguna extraña manera, convirtiéndose en trascendente.
Al principio te atrapa con el ronroneo de ese verano plácido, nos mece con composiciones bellísimas al piano de André Laplante y Ruychi Sakamoto, después se dedica a juguetear, a insertar el elemento del deseo insatisfecho (la escena de masturbación con un albaricoque, tan teenager), introduce un par de secuencias de baile en una verbena a ritmo del Love My Way de The Psycodelic Furs que se convierten en icónicas de manera inmediata (más tarde ese mismo tema se repetirá durante su última noche juntos), se pone melancólica al son de Sufjan Stevens, para terminar rematando con una de las conversaciones padre-hijo más emocionantes del cine reciente, de esas que por la sabiduría, templanza y sinceridad que contienen, te rompen el corazón. Ah, y ese plano contenido final del que ya hemos hablado, que se funde con los títulos de crédito y que consigue que la película se quede en suspensión en la cabeza durante mucho tiempo.
Quizás por todas estas razones, la historia de amor entre Elio y Oliver no es una más entre tantas otras. Da lo mismo la diferencia de edad, esos ocho años que a James Woods le parecen una perversión de la naturaleza y que muchos académicos considerarán como una ofensa. La película no juega con el morbo, sino con los sentimientos en estado puro. Tiene algo de milagro. El que supone mostrar de una manera tan nítida como al mismo tiempo dolorosa y reconfortante, lo que significa primero desear, después amar y por último perder. Es una película de aprendizaje, pero su lección, afortunadamente, nunca termina de aprenderse del todo.
Por eso, puede que nos lleguen muchas películas mejores este año, pero ninguna será tan especial y tan emocionante, tan sensible y significativa como Call Me By Your Name.
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5/3/16
Sacha Pfeiffer, la periodista de Spotlight: "Desde que se estrenó la película muchas más víctimas se presentaron"
Sacha Pfeiffer, la periodista de Spotlight: "Desde que se estrenó la película muchas más víctimas se presentaron"
Sacha Pfeiffer, la periodista interpretada en el film ganador del Oscar a Mejor Película de este año, habló con BBC Mundo. ¿Cuál ha sido el impacto de la obra sobre el escándalo de sacerdotes pederastas en Boston?
24horas.cl
La periodista Sacha Pfeiffer, ganadora de un premio Pulitzer por la investigación del escándalo de pederastia en la iglesia católica de Massachussets, Estados Unidos, aún no puede creer que Spotlight –la película que cuenta la historia del caso que investigó con sus compañeros del Boston Globe– se ganó el Oscar.
En esta entrevista, especial para BBC Mundo, revela que desde el estreno del film,"muchas más víctimas se presentaron por primera vez".
Desde 2002, sólo en EE.UU. los periodistas del equipo de investigación Spotlight reportaron 17.000 abusos perpetrados por sacerdotes católicos , en un caso que adquirió escala global, revelando un verdadero sistema de encubrimiento en el seno de la Iglesia Católica, que se reproducía con un modus operandi similar en numerosos países.
Pfeiffer ahonda en el rol del periodismo y su deber de "cuestionar con dureza a las instituciones poderosas" y no "mirar hacia otro lado".
Ella espera que este premio no sólo siga alentando a las víctimas a romper el secreto sino también que lleve al Vaticano a tomar las acciones necesarias para que "los curas abusadores rindan cuentas de sus actos".
-Finalmente el Pulitzer se alzó con el Oscar... ¿Cómo fue ese momento para usted?
Mis colegas de Spotlight y yo estábamos todos en la Ceremonia de la Academia y todavía no puedo creer que ganamos... Eran tantos los sitios especializados que habían hecho predicciones anticipando lo contrario...
- ¿Lo vive como un reconocimiento a su trabajo y al poder de hacer buen periodismo?
Creo que el Oscar es un reconocimiento de alcance mundial para el periodismo responsable y para el trabajo de investigación en particular, y el momento en que tuvo lugar el mensaje que implica este premio no pudo haber sido mejor, ya que la industria del periodismo gráfico está pasando un momento de gran riesgo financiero.
Yo tengo la esperanza de que esta película inspire a mucha gente a suscribirse a un diario local o nacional, para recibirlo en su casa o por suscripción digital, ya que ése es el ingreso crítico que hace posible costear esta clase de investigación.
- "Esta película le da voz a los sobrevivientes y el Oscar amplifica esa voz que esperamos se convierta en un coro que resuene desde aquí hasta el Vaticano", afirmó al recibir el premio uno de los productores de Spotlight. ¿Usted cree que el Oscar finalmente agrietará el muro de impunidad que aún rodea estos casos? ¿Cree que el Papa Francisco está haciendo lo suficiente?
La Iglesia Católica ha mejorado sus políticas sobre el abuso sexual por parte de sacerdotes, pero aún tiene mucho por hacer en ese sentido.
El Cardenal Bernard Law fue acusado de ocultar abusos de curas pederastas. Tras renunciar como arzobispo de Boston ocupó un cargo importante en el Vaticano.
Espero que esta película haga que el Vaticano esté más atento para prevenir abusos y para hacer que los curas abusadores rindan cuentas de sus actos.
También espero que este caso le recuerde al público en general la importancia de cuestionar con dureza a las instituciones poderosas y no ser tan condescendientes como para mirar hacia otro lado cuando sospechamos que hay malas prácticas.
- ¿Qué impacto ha tenido la película sobre el caso real? ¿Aparecieron nuevas víctimas denunciando abusos desde que se estrenó Spotlight?
Desde que se estrenó la película muchas más víctimas se presentaron por primera vez y muchos sobrevivientes nos dijeron que el film estaba teniendo un efecto empoderador en ellos, especialmente porque muchos creían que eran los únicos que habían sido abusados y por eso mantuvieron en secreto ese abuso por tanto tiempo.
-¿Cómo se siente para un periodista convertirse en la noticia?
-¡Extraño y por momentos muy incómodo! Sin embargo estoy muy entusiasmada con el impulso anímico que tendrá esta película en la industria de los diarios, que está pasando un momento tan difícil en lo financiero y merece que un film celebre la profesión.
- ¿Qué le pasó la primera vez que se vió a usted misma interpretada por una actriz?
Cuando vi por primera vez la película, fue surrealista ver a alguien interpretándome con todos mis gestos habituales en una pantalla. Estoy increíblemente impresionada por la cantidad de investigación y trabajo que hizo Rachel McAdams para representarme con tanta exactitud.
- ¿Cree que el Cardenal Bernard Law aún sigue siendo protegido por la Iglesia?
Luego de renunciar como Arzobispo de Boston en 2002 le dieron un cargo de alto nivel en una prominente iglesia de Roma, y muchos sobrevivientes de abuso sexual por parte de sacerdotes consideraron esto como algo equivalente a una promoción. Lo sintieron como una verdadera bofetada.
- Durante la investigación una de las víctimas llegó a decirle que no sólo habían violado su cuerpo sino también su espíritu y que le habían robado su fe. ¿Cómo cree usted que cambió sus vidas la tremenda decisión de hacer público el tormento que atravesaron?
A menudo esto fue muy liberador para las víctimas, que fueron lo suficientemente valientes como para revelar sus historias públicamente. Y le dio coraje a muchos otros sobrevivientes para denunciar.
Muchos nos han dicho que la película es un paso más en su proceso de curación.
- ¿Cuál es para usted el rol del periodismo?
El periodismo responsable es la clave para una democracia saludable y el buen funcionamiento de una sociedad como tal. Alguien debe hacer las preguntas duras a las instituciones poderosas y ése es el rol de los medios. Sin periodistas independientes y bien preparados, tragedias como la crisis de los curas pederastas pueden seguir ocurriendo.
- ¿Qué le diría a aquéllos periodistas que para hacer su trabajo deben enfrentar prejuicios o impopularidad sólo por contar la verdad?
Que sostengan su compromiso, porque en definitiva el mundo es un lugar mejor si podemos hablar abiertamente no sólo de los éxitos sino también de los fracasos, y trabajar juntos para mejorar aquello que falla.
14/10/15
Descalifican a película china en la competencia por el Oscar extranjero
Descalifican a película china en la competencia por el Oscar extranjero
La cinta Totem Lobo del director francés Jean-Jacques Annaud, exhibida hace unas semanas en Chile, fue objetada por la Academia de Hollywood al no ser lo suficientemente china. El país asiático la reemplazó con la comedia dramática Go away, Mr. Tumor.
latercera.com
Es una vieja pregunta y un ancestral problema en la postulación al Oscar a la Mejor Película en Lengua Extranjera: ¿Cuándo un filme deja de pertenecer a una nacionalidad y pasa a otra?, ¿El director determina aquel criterio?, ¿Los guionistas, los productores? La última víctima de esta trampa es China, cuya película nominada por un cupo en la carrera a la estatuilla fue rechazada por la Academia de Hollywood al ser considerada “no suficientemente china”. Se trata de Totem Lobo, filme dirigido por el francés Jean-Jaques Annaud que a última hora debió ser reemplazado por la comedia dramática Go away, Mr. Tumor, basada en una popular tira cómica online creada por la prematuramente fallecida Xiong Dun.
Según afirmó Annaud a medios internacionales, se enteró de la decisión al recibir una carta de Mark Johnson, presidente del comité encargado de seleccionar los filmes extranjeros. De acuerdo a Annaud, la Academia de Hollywood se justificó argumentando que la mayoría del “aporte artístico” de la cinta no viene de China y que una parte del equipo técnico (director, dos guionistas, un productor, director de fotografía y compositor) no son chinos.
“¡Me hacen reír, me hablan de un amplio equipo francés, pero éramos siete! Y había 600 chinos en el set, sin hablar de los actores, y de las 2 mil personas en posproducción, todos en China”, ha afirmado Annaud (71), bastante contrariado. “Hicimos nuestra película basada en un bestseller chino, con actores chinos, en lenguas de China (mandarín y mongol) y es una historia que tiene un contenido chino. Estoy sorprendido”.
El presupuesto de Totem Lobo alcanza los 40 millones de dólares (de los cuáles un 80 por ciento es aportado por China) y fue filmado principalmente en Mongolia interior, en el norte de China. El filme se ambienta en 1967, en plena Revolución Cultural, cuando el estudiante pequinés Chen Zhen (Zhaofeng Feng) es enviado a instruir a los pastores y agricultores de las zonas campesinas y establece un especial vínculo con los lobos, vistos como animales dañinos por los ganaderos. La cinta ha sido un éxito absoluto en China con 111 millones de dólares en recaudación, mientras que en el extranjero lleva 11 millones de dólares ganados.
Totem lobo ha llegado en algunos países (entre ellos Chile) a exclusivas salas Imax, capaces de aprovechar el gran despliegue visual de sus escenas al aire libre.
Su director Jean-Jacques Annaud, ganador de cuatro premios César y director de filmes como Siete años en el Tíbet y El nombre de la rosa, ganó curiosamente el Oscar a Mejor Película extranjera en 1979 por su filme La victoria en Chantant, que postuló en ese momento por Costa de Marfil. Este mismo año hay al menos dos casos que podrían haber sido objeto de descalificación por parte de la Academia, pero que fueron aceptados: el filme Mustang, nominado por Francia, fue dirigido por la realizadora turca Deniz Gamze Ergüven, tiene una trama que transcurre en Turquía, fue filmado ahí y es actuado por intérpretes turcos. El otro caso es el de Viva, cinta nominada por Irlanda dirigida por Paddy Breathnach, pero hablada en español, ambientada en Cuba y protagonizada por Jorge Perugorría, entre otros actores de ese país.
Históricamente dos de los casos más curiosos los protagonizó el chileno Miguel Littín. En 1976 su película Actas de Marusia (que relata la matanza de trabajadores del salitre en el norte de Chile en 1907) postuló por México. Seis años más tarde, en 1982, su cinta Alsino y el cóndor fue nominada por Nicaragua. En ambos casos, sin embargo, la producción fue extranjera.
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